martes, 15 de diciembre de 2015

Ahora que ya nunca.

Puede que fueses tú el que mirase por mi más que nadie, nunca lo puse en duda, lo que sí pongo en duda es si mirabas por mi bien o por el tuyo, ya ves, ahora que ya no nos queda nada a mi me ha dado por mirar atrás y sacarnos defectos.
A veces creo que te quise demasiado y otras creo que te quise tanto y tan mal que ni siquiera sé si a eso se le podría llegar a llamar querer, que ya sé todo eso de las preguntas sin contestación y de los portazos a puertas que nunca más quieres abrir pero no sé.
Te noto tan en calma, tan sin mi, tan tranquilo, tan no siendo quien eras que qué miedo...
miedo de que ya ni siquiera te acuerdes de como mis manos te espantaban todos los miedos o al menos lo intentaban,
miedo de que te pierdas en cualquier cama y te de por pensar que en la mía estarías mejor,
miedo de que tus ganas vuelvan a ganar a mis "ya no", miedo a que mis "ya no" vuelvan a dormir abrazados a ti.
Ya no soy cobarde, o al menos no la cobarde que cuando el mundo se le caía encima buscaba poder refugiarse en cualquier sitio contigo,
de todo se sale como diría mi madre.
Ahora solo queda el recuerdo de los sitios donde más felices fuimos, de todos esos últimos días pensando en por qué las cosas habían cambiado tanto; tú ya no eras el cabrón al que una vez quise más que nunca ni yo era la inocente a la que enredabas en tus juegos.
Lo malo de jugar con fuego es cuando te quemas creyendo que juegas mejor que él, yo era fuego y tú jamás quisiste apagar mi llama, pero ya ves, un día te levantas queriendo hacer a alguien la persona más feliz del mundo y al otro día te das cuenta que quizás su felicidad no dependa de ti, que quizás vuestros sueños están mejor cumpliéndose con otros, que quizás es mejor volar separados que romperos las alas del roce de volar tan cerca, que quizás su cuerpo ya no espante tus penas y quizás tu cuerpo ya no quiera estar pegado a un corazón que no le corresponde. No sé, supongo que siempre o durante mucho tiempo queda el cariño de tanto roce pero el amor siempre que no se cuida tarde o temprano acaba abandonando este roce. A veces queda la rutina de estar por y para alguien pero ni el tiempo perdona, nunca.
Y entonces descubres que prefieres quedarte con alguien que se muera de ganas de estar contigo a quedarte con quien se conforme con cualquiera (no, no os engañéis con eso de que con vosotras es diferente), una persona merece lo que demuestra que merece, ni más, ni menos.
Y que sí, que es muy fácil regresar a los brazos que más te han abrazado pero también es muy fácil recordar que esos mismos brazos solo están cuando quieren y no cuando deben.
No devolváis el daño que os han hecho, demostrad que sois mejores personas que todos aquellos que a propósito os han jodido y sobretodo recordadle siempre al que os tuvo y no os supo valorar que ahora tendrá que llorar como un hombre lo que no supo defender como una mujer.