sábado, 17 de enero de 2015

De quererme sin tenerme a no querermo porque ya era tuya,

Él ponía límites a sus excesos y yo siempre excedía sus límites.
Le gustaba adentrarse en mi tormenta y decirle adiós a su calma, hasta que yo me pasaba de tormento y él se iba en busca de otras calmas.
Todo iba bien, o al menos mejor de lo que nunca me había ido,
pero él decidió que dejara de irme bien y empezó a irse él.
Llegaron las idas y venidas, mis dudas entre cerrarte la puerta en la cara o echar la llave cuando estuvieras dentro, tus ganas a medias y mis ganas de que me las rompieras.
Dejaste de buscar la estabilidad en mis piernas y yo empecé a buscarla en otras manos, te quise como se quiere a lo que se cree que se pierde pero jamás se ha tenido y me quisiste como se quiere a quien se sabe que se va a tener siempre.
Nos metimos en la rutina de discusiones, caras largas y malas palabras.
Caí con cualquiera solo para acabar entendiendo que cualquiera no eras tú, y caíste con cualquiera solo para entender que cualquiera podía ser yo.
Sé a ciencia cierta que fui otra de tus batallas ganadas y que tú fuiste otra de mis causas pérdidas.
Elegiste lo mejor para ti sin mirar por mi, quizás podrías haberlo hecho mejor pero no peor de lo que lo hubiera hecho yo.

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